Aunque aún le cuesta relacionarse un poco con niños de su edad porque es muy independiente y con gustos muy definidos, ha espabilado muchísimo y se ha soltado mucho a hablar, lo que hace más fácil el entendimiento con su entorno.
Nos queda superar el tema del pañal, que vamos un poco lentos, y el cambio de la cuna a la cama, que supongo que no tendrá problemas porque ha salido igual de dormilón que nosotros y se duerme en cualquier sitio.
Este año ha sido intenso para él (y para nosotros) y en septiembre, que comienza el colegio, no va a ser menos.
Y cuando ya se vaya acostumbrando a la nueva situación escolar, ¡ZAS!
Continuará...
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