miércoles, 1 de julio de 2015

Han pasado más de dos años...

Como decía anteriormente, han pasado más de dos años y, haciendo memoria, los primeros meses como papitos no fueron fáciles. Empezando así vais a creer que la primera entrada que he escrito en este blog es una pastelada utópica de cualquier madre con un punto de vista altamente subjetivo, pero no. Ya os he dicho que todo tiene un proceso de aprendizaje y los primeros meses de vida de un bebé son difíciles tanto para él como para nosotros, los papis.

En cuanto a la primera toma de contacto con el bebé, hablaré del hospital. Para mí fueron los tres días de ingreso hospitalario más horrorosos de mi vida. Nunca había estado ingresada antes hasta que tuve a Daniel. Entre las numerosas visitas que recibimos, el calor que se acumulaba en la habitación, la comida (quitando las hamburguesas que me trajeron mis cuñados una noche), y que Daniel tardó bastante en engancharse al pecho, no lo recuerdo como algo idílico, la verdad sea dicha. Volviendo a las pasteladas, mi hijo era lo único que hacía que olvidara esos malos ratos en aquellas cuatro paredes.

El momento de volver a casa fue el mejor de todos. Meter a tu hijo en su cunita, tener todas tus cosas a tu alcance, tu sofá, tu cama, tu ducha... la tranquilidad de tu hogar, no tiene precio ni comparación.
Y además, Daniel era un santo. Dormía muchísimo. Una vez que se enganchó bien al pecho, comía muchísimo. No sabía apenas llorar, porque casi nunca lo hacía. Nos pasábamos el día dándole besos y achuchándolo. Quizá por eso no tendría motivos para estar triste.

A los tres meses de nacer, nos tocó mudanza al nuevo piso. Un caos. Nos daba miedo el cambio de casa por si el peque lo notaba mucho y eso fuera un trastorno para él, pero no lo fue en absoluto. Es más, ya dormía toda la noche en la minicuna, y cuando nos trajeron la cuna grande, probamos una noche a que durmiera solito. No hubo problema, durmió del tirón. A veces, me asustaba porque la última toma era sobre las 00:00 y no se despertaba hasta las 7:00; prefería dormir a comer. La noche siempre ha sido sagrada para él, desde bien bebé.

No quiero alargar mucho más esta entrada, ni entrar en tantos detalles.
Podría contaros todo pero decidí vivir la experiencia en lugar de contarla.
Hemos disfrutado cada etapa de nuestro hijo al máximo: su primer puré, sus primeras fotos de estudio, sus primeras sonrisas, su primer enfado, sus primeras palabras, su primer baño (en bañera, en piscina, en playa), sus primeros juegos, sus primeras carcajadas, sus primeros pasos, su primer cumpleaños, sus primeras navidades, su bautizo, su primer corte de pelo, su primer viaje al extranjero, su primer día de guardería, su adaptación, su primer constipado, su primer "te quiero", sus primeros besos de amor, sus abrazos...
Pero este blog no es un diario para contaros cosas concretas de Daniel (aunque también hablaré de él, lógicamente). Es un blog para contaros cómo estamos viviendo el embarazo de su hermanito (o hermanita) y nuestro segundo hijo (o hija), al igual que hicimos con el primero. Quizá no tenga tanto tiempo ahora para escribir, pero creo que también se merece un diario y como voy a estar en casa desde el lunes próximo, intentaré sacar un ratito para poneros al día y dejar plasmadas las experiencias de vivir un segundo embarazo, de cómo lo vamos llevando y cómo lo irá llevando sobre todo, Daniel.

Va a ser un pasada... para vivirlo y compartirlo...;)

No hay comentarios:

Publicar un comentario